En el nombre de Allah el clemente y misericordioso

Assalamo 3alaykom wa rahmato Allahi wa barakatoho

Bienvenidos a Conociendo El Islam y Musulmanes,
este blog esta hecho con el proposito de difundir el mensaje del Islam, para que la gente conozca y entienda más de esta hermosa religión.

Astágfirullah si cometemos algun error en las publicaciones, esperamos que sea de su agrado y que este granito de arena sirva para despejar algunas de sus dudas.


Bienvenidos sean todos!


El equipo de Conociendo el Islam y Musulmanes



¿ Y TÚ CUAL PREFIERES?

¿ Y TÚ CUAL  PREFIERES?
El Mensajero de Dios (P y B) dijo: “Ciertamente cada religión tiene una característica en particular y la característica del Islam es la Haya’a (modestia, timidez, recato)”.[Transmitido por Ibn Majah]
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EL KUFR


La palabra árabe Kufr designa en el vocabulario musulmán la negación o el rechazo a Allah. Tiene varias connotaciones, como la de ingratitud, infidelidad, ignorancia espiritual o aislamiento, consistiendo en un retrotraimiento ante Allah.


A efectos prácticos, es un término que sirve para designar lo opuesto al Islam. Frente al Islam -que es la aceptación incondicionada de Allah y la rendición sin reticencias a Él- está el Kufr. Se llama kâfir (en plural, kuffâr) al que no es musulmán. Pero el uso de estas palabras presenta problemas: hay no-musulmanes que aceptan a Dios, que creen en Él y le son fieles, son buenas personas, con creencias firmes, principios sólidos y nobles y de una espiritualidad sincera, ¿son kuffâr en el sentido estricto de la palabra?


El kâfir no es necesariamente un sin-dios ni un bárbaro mala persona. Al ser humano le resulta fácil imaginar un Ser Supremo, una Verdad Creadora Absoluta, e incluso hacerse una idea clara sobre su Creador y hasta concebir su unidad radical, amarlo apasionadamente y entregar su vida a esa representación entrando en comunión con ella. Esto, en principio, sería suficiente para que el calificativo de kâfir, de claros matices peyorativos, no le fuera aplicable. Sin embargo, el Corán no duda en hacerlo, y considera kuffâr a los idólatras, a los judíos, a los cristianos, y a todos los que no sean musulmanes, por muy fieles y buenos creyentes que sean, por muy claro que tengan a su Verdadero Señor e intenten con sinceridad y buena intención acercarse a Él.


Y es porque la clave del Kufr no está en Allah, sino en su Mensajero. El Imâm al-Gazzâli define el Kufr como rechazo al Profeta. Al rechazar al Profeta es cuando se niega efectivamente a Allah. Todo lo demás son teorías y elucubraciones que no sustituyen la auténtica resolución con la que debe afrontarse a Allah.


El Imâm al-Gazzâli dice que el Kufr es un Hukm Shar‘í, un juicio legal, no un juicio de valor. Lo que hace legítima la espiritualidad es su rigor. Entregarse apasionadamente a Allah carece de relevancia si Allah es fruto de la imaginación,... del ego, al fin y al cabo. En ello no hay una entrega verdadera sino permanencia en la escasez y límites de la fantasía. El rigor está en afrontar las exigencias de Allah.


La incapacidad para presentir a Allah en la sinceridad del Profeta es síntoma de una espiritualidad que no busca la Verdad, sino complacerse en representaciones y se aferra a sus aprioris. Hemos dicho que Kufr no es un juicio de valor. No se trata de buenos o malos, sino de claridad y compromiso. Cuando se pone como condición la aceptación del Profeta como dirimidora en esta cuestión se está poniendo el acento en la severidad que debe guiarnos a la hora de encarar algo tan serio como la espiritualidad, en la que nos va nuestra razón de ser.


La frivolidad, por bondadosa que sea, no es garantía ante Allah, porque no está ante la Verdad. Sólo el Islam, es decir, una auténtica claudicación ante Allah, nos abre a Él. Ésta es la clave de la eficacia del Islam, que no hace concesiones a los devaneos del Nafs, el ego. El Islam exige la renuncia al dios propio para alcanzar a Allah. Todo dios es fruto de maquinaciones, y toda religión es una pose. El Islam es romper con todo ello para sumergirse en la Verdad. ¿Es posible ello sin el Profeta? No.

La aceptación del Profeta es la verdadera ruptura con el mundo de los ídolos. Es en el Profeta donde nos entregamos realmente a Allah. Lo demás es justificación y excusa. En el Profeta, que desafía al corazón y lo quiebra, el musulmán claudica ante Allah. No lo hace ante una idea vaga, sino ante el que se le revela tras las palabras claras y concretas de un Maestro. El seguimiento estricto de las enseñanzas es el gran reto que pone en entredicho la sinceridad del que se dice creyente. Con ello salimos del feo vicio de la fe al espacio amplio del Îmân, la Apertura Real hacia Allah.


Para cualquier musulmán, el tema está claro: existen el Islam y el Kufr, nombre genérico que engloba a todas las religiones, a todas las espiritualidades, a todas las morales,... y las desautoriza. Lo que no es Islam es Kufr, es rechazo y negación de Allah, ingratitud ante Él, retrotraimiento e ignorancia. Sólo en Muhammad (s.a.s.), el Mensajero de Allah, hay abierta una puerta auténtica que nos obliga a ir más allá de nosotros en una expansión con la que dejamos atrás nuestras representaciones para abrirnos hacia Allah, tal como Él sea y como Él quiera. A esto es a lo que se llama Islam, que es un gesto de grandeza y amplitud, en conjunción con el sentido profundo de lo que significó Sidnâ Muhammad (s.a.s.).


Sidna Muhammad (s.a.s.) desató una guerra y armó a guerreros. Él marcó una ruptura. No vino a consolarnos sino a despertarnos de la indolencia y hacernos emprender un camino. Y lo hizo con la fuerza y el estruendo de una tormenta, para que nadie tuviera justificaciones, para que nadie se escudara detrás de la sordera. Y de eso se trata: de que el corazón vivo, el corazón poderoso, se hace eco de esa llamada y responde a ella. Ante el Profeta sólo puede haber ‘desconfianza’, y la desconfianza es retrotraimiento, es Kufr. Y no hay más.


Desengañados por el cristianismo, muchos occidentales se acercan al Islam con miedos y prevenciones heredados de su frustrante experiencia cristiana. Lógicamente, no quieren repetir el fracaso, pero muchas veces sus recelos son un auténtico impedimento que les obstaculiza entender y saborear lo que el Islam les propone, que es orientarse por completo hacia su Señor sin condiciones, abandonándose a las posibilidades de sus corazones y agigantar su ánimo en esos procesos.


No es acertado abandonar los dioses cristianos para inventar otros inventados por los resentimientos. Y sin embargo, es frecuente. La proliferación de sectas que se basan en la censura a las taras del cristianismo no dejan de ser cristianas en su fundamento. Romper con todo ello es sumergirse en la luz del Islam, en la nitidez de una espiritualidad que se propone en exclusiva a Allah, sin aditamentos y sin aceptar sucedáneos tranquilizadores. Se trata de un reto, el reto que nos lanza la intuición que todos tenemos de lo eterno, lo trascendente, lo desmesurado.


Por ello, todo lo que nos Islam, todo lo que no es esa actitud signo de salud interior, es Kufr, es enredo y laberinto del Nafs, del ego que no deja de enmarañarse creando mentiras en las mentiras y frustraciones en las frustraciones. La radicalidad del Islam consiste en romper de golpe con las frivolidades para señalar desde el principio sin equívocos ni ambigüedades ni concesiones en la dirección del Uno-Único. De ahí lo drástico de sus afirmaciones, como la de que todo lo que nos es Islam es Kufr.


Definición de Îmân


Lamentablemente, la palabra árabe Îmân, fundamental en el Islam, suele ser traducida por ‘fe’, ‘creencia’. Según esto, los musulmanes ‘tenemos fe’ en Allah, ‘creemos’ en el Profeta, etc. Pero las palabras no son inocentes ni asépticas; tienen su historia y un cúmulo de connotaciones que las hacen o no adecuadas para expresar ideas determinadas. Consideramos que la traducción por ‘fe’ o ‘creencia’ falsea y traiciona completamente la idea que subyace en Îmân. Es más, estamos seguros de que nos impide la posibilidad de entender lo que significa en realidad, nos desvía y, finalmente, esa traducción nos lleva a ideas opuestas radicalmente al Islam.

La ‘fe’, en su significación más genuina, es simplemente la afirmación de que lo ‘absurdo’, lo ‘inaceptable’, es ‘real’ y ‘admisible’, como decir que tres y uno son lo mismo, o que Dios -lo Infinito y Absoluto- encarnó en un hombre -finito y transitorio-, o que se instala en una ostia, o que Dios necesita un representante, la Iglesia. Hay que tener ‘fe’ para tragarse eso, de ahí que la ‘fe’ y la ‘razón’ sean irreconciliables.

La teólogos cristianos, muy hábilmente, han camuflado ese sentido original de la palabra ‘fe’ recubriéndola con otros, más nobles y atractivos, y ‘tener fe’ se ha convertido también en sinónimo de ‘confiar’, ‘tener esperanza’, con lo que sus enemigos (los ateos, los agnósticos, los racionalistas) pasan a ser personas de ‘corazón duro’. Esta sutil treta no pretende sino confundir e identificar creyente con buena persona, confiada y con esperanzas. No hay más que fijarse en el notable giro en la estrategia de la Iglesia que, en su apostolado, ha dejado de insistir en los dogmas (inadmisibles para quien piense un mínimo) para predicar la bondad, la caridad y otros valores que muy pocos se atreverían a discutir. El cristianismo quiere hacer de los ‘buenos sentimientos’ su monopolio. Dios es cada vez menos ‘trino’ para ser cada vez más ‘amor’ y ‘camarada’ en el que hay que ‘confiar’. Los no-cristianos casi hemos dejado de ser infieles para pasar a ser casi terroristas bárbaros, porque el cristianismo es definido, no ya como la Verdad, sino como el Bien.


Si los cristianos se detuvieran un momento a reflexionar se darían cuenta de que, en realidad, no se les está invitando a confiar en Dios -del que no saben nada- sino a ‘tener fe’ en la Iglesia y cerrar los ojos ante sus fraudes y maquinaciones. Se les está engañando y manipulando, como siempre, para mantener incólume el edificio de una institución siniestra. Quienes rechazan esa estratagema se hacen ateos o, bien, una vez se ha descubierto que el monte es orégano, todos tienen derecho a decir majaderías sobre Dios, e inventar sus propias Iglesias y religiones, ‘y tonto el último’.


Ningún musulmán entiende que el Îmân sea considerar ‘real’ lo ‘absurdo’ ni acepta que lo contrario al sentido común sea sensatez, del mismo modo que en el zoco no aceptaría que le dieran una moneda a cambio de tres iguales. El musulmán no se deja estafar. Sólo la dejadez y la comodidad nos hacen seguir utilizando una traducción tan aberrante. El Îmân puede explicarse aproximadamente diciendo que es la ‘capacidad’ del corazón y su ‘actividad’: es su carácter abismal, sus honduras, y es sensibilidad, su esponjosidad ante lo que le viene de Allah, su Señor Verdadero. Y, además, ese latido se expande externamente, se desborda y crea un mundo reunificado en la percepción del Uno. No es la aceptación de una locura, sino nuestro saboreo de lo Infinito y nuestra integración en lo Eterno.


Sólo así comprenderemos lo que significa que en árabe se diga que el Îmân es ‘con Allah’ (billâh, donde la partícula bi- significa ‘con’). No es ‘fe en’ Allah, sino ‘fluir con’ el Único Real, no cuestionado porque es el Puro Poder del que el universo entero es testigo con su simple ser. El musulmán expande su Îmân ‘con Allah’, ‘con sus ángeles’, ‘con los Libros Revelados’, ‘con los Profetas’, ‘con la expectativa de la Resurrección’, ‘con el Destino para bien o para mal’, tal como lo expresó Rasûlullâh (s.a.s.): al-îmânu an tûmina billâhi wa malâikatihi wa kútubihi wa ráusulihi wa bil-yáumi l-âjiri wa bil-qádari jáirihi wa shárrih. No hay nada más alejado que eso de la ‘fe’ o la ‘creencia’, simples actos mentales de aceptación crédula que no tienen mayor trascendencia.


Pero, ¿no es cierto que los musulmanes ‘creemos’ en Allah?, ¿es que no ‘creemos’ en el Profeta’... Para empezar, Allah no es un absurdo. La humanidad entera lo intuye, lo presiente, y explica la existencia como resultado de un Poder Absoluto origen de todas las cosas. Los musulmanes sabemos que ese Poder, para haber creado, tiene que ser radicalmente distinto de lo creado, es impensable porque carece de límites, y es inabarcable porque escapa a todas las medidas. Se trata de algo ‘lógico’ y no violenta para nada la ‘razón’, no es contrario a lo ‘deducible’ por medios naturales, no va más allá de lo que somos capaces de asumir sin negar nuestro sentido común. Podemos escabullirnos, darle la espalda a ese presentimiento, vivir como si tal cosa, como si no tuviera importancia, pero Allah no deja de inquietarnos en nuestras profundidades. Los musulmanes aceptamos el reto y orientamos nuestras vidas en esa dirección, en la de lo Único real, lo Hacedor, sin convertirlo en un galimatías.


En cuanto al Profeta, no lo aceptamos como tal sin más. Él ha dejado entre nosotros sus ‘títulos de Profeta’ y las garantías de su sinceridad: el Corán y la Sunna. Hemos constatado que nos han llegado fielmente, y son signos que ‘nos han robado el corazón’, ‘nos han cautivado’ y no podemos negarlo, y eso es nuestro Îmân en lo referente a Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Nos hemos rendido a su argumento. El Profeta no es un desconocido de quien se nos ha dicho que tenemos que ‘creer’ en él porque hiciera milagros. Está absolutamente presente y su ‘milagro’ no deja de sorprendernos y turbarnos. Por otro lado, su enseñanza no va contra lo que podemos admitir e, incluso, verificar intensificando nuestra espiritualidad, como han hecho tantísimos musulmanes. En realidad, el Profeta es quien ha dado palabras a nuestros presentimientos, y por esa consonancia nos hemos abierto a él y lo hemos hecho nuestro maestro.

Por ello, el Islam no conoce ‘los problemas existenciales’ propios de los occidentales. Los musulmanes no comprenden ‘las crisis de fe’ ni ‘los conflictos espirituales’ de los cristianos. Son impensables o patéticos para alguien que se haya criado en el Islam. Sólo quienes han tenido contacto con Occidente repiten entre nosotros esas ‘poses’ con las que muchas veces sus protagonistas no pretenden más que rodearse de una aureola de bohemia, intelectualidad o modernidad.


El Islam va a la raíz de las cosas. Es mucho más telúrico de lo que podemos imaginar. El Islam coincide y se confunde con el pulso de la vida y de la espiritualidad. No es un simulacro, sino pura esencia. Ser musulmán es vibrar con eso, de lo contrario sólo estamos fingiendo ‘ser musulmanes’. No debemos esperar que el Islam resuelva nuestras dudas, apacigüe nuestros conflictos o nos haga superar ‘crisis de fe’: todo eso hay que dejarlo atrás, abandonarlo sin más donde debieran quedar todas nuestras tonterías. Sólo así podremos activar en nosotros el Îmân que nos expansione con la Verdad que gobierna los cielos y la tierra. Sólo así podremos afrontar el Gran Reto y encontrar a nuestro Señor.

Definición de Dîn



El Islam es el Dîn de todos los mensajeros (mursalîn) y de los profetas (nabíyin) enviados a la humanidad, desde Adán (Sidnâ Ádam, a.s.) hasta Sidnâ Muhammad (s.a.s.), el último de todos ellos y Sello de la Profecía (Játam an-Nubúwa). Es como si hubiéramos dicho que la Sumisión (Islâm) es la Vía (Dîn) por la que se nos ha enseñado que debemos encauzarnos hacia Allah, el Señor de los Mundos, la Verdad Absoluta. Éste es el sentido que tiene el célebre versículo coránico que dice ínna d-dîna ‘índa llâhi l-islâm, “Ciertamente, el Dîn -junto a Allah- es el Islam” (Âli ‘Imrân, 19), es decir, sólo se llega a Él claudicando, llevando la frente al suelo, sin ponerle condiciones, sin pretender limitarlo, sin amoldarlo a nada...

¿Qué significa realmente la palabra Dîn? El término árabe Dîn se suele traducir por ‘religión’, negándonos así la posibilidad de conocer su verdadero alcance. Cuando decimos que el Islam es una ‘religión’ falseamos por completo su significación y traicionamos su esencia, y reducimos el Islam a un pobre y mezquino exclusivismo que nada tiene que ver con él. El Islam es fundamentalmente amplio. Las ‘religiones’ son los negocios montados sobre la espiritualidad, pero no son la espiritualidad ni abarcan el sentido que tiene el hombre de lo trascendente -al contrario, lo distorsionan por completo-. No en balde es la Iglesia cristiana -la primera multinacional- la que ha creado este tecnicismo (que no se encuentra ni tan siquiera en la Biblia) para dar nombre a su monopolio. Las religiones, las teologías, las metafísicas, los mitos, las supercherías de todo tipo, son una adulteración, una desviación y un sucedáneo. Los hombres inventan y se aferran a las religiones por miedo al abismo que abre en ellos su intuición íntima de lo Infinito, de Allah Señor de los Mundos. El Islam es un retorno a lo verdadero, a lo original, encarando esos vértigos.


El Islam es la Senda (el Dîn) por antonomasia, es lo que han enseñado todos los profetas, desde Adán el primero hasta el último de ellos, Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Y Allah mismo se hace cargo de mantener este carácter del Islam: wa innâ lahû la-hâfizûn, “Nos lo protegemos” (al-Háÿar, 15),... Allah lo salvaguarda de toda corrupción. La idea de Senda o Vía para traducir Dîn también nos parece pobre, y por ello queremos insistir en las ideas y sugerencias básicas que subyacen en el término árabe. El Islam es pura autenticidad. Es ‘rendición’ a Allah, no a las ‘religiones’, es recuperar la inclinación del ser humano hacia su Señor, y es hacerlo con sentido de universalidad y de integralidad. Cada musulmán es heredero de todas las tradiciones, y es musulmán con todo su ser: esto es su Dîn, es decir, su manera de afrontar a su Señor. Según Sidnâ Muhammad (s.a.s.), el Dîn es Rendición (Islâm), Apertura (Îmân) y Excelencia (Ihsân), reuniendo estas tres palabras-clave todo lo que es y todo lo que hace el musulmán auténtico, el hombre que enfoca la Verdad Absoluta. Ser musulmán (múslim) es algo a lo que hay que aspirar, y era el deseo de todos los profetas. A nosotros, a los musulmanes, nos ha sido regalado como nombre aquello en lo que anhelaban convertirse los grandes de la humanidad...


En las religiones hay ‘actos de fe’, en el Islam no. El Îmân (palabra fundamental que por desgracia se traduce por ‘fe’ en el falseamiento que ha habido en este siglo de lo que es el Islam) es una acto de valor, no de fe. El Îmân es mucho más grande que la ‘fe’, es la respuesta del ser humano entero a su intuición más profunda. El Îmân es pura sensibilidad espiritual, y no es ‘fe en misterios’, ni es ‘credulidad’, ni es ‘admisión de lo absurdo’, ni es ‘negación del sentido común’. La ‘fe’ es detenerse, el Îmân es ‘empezar’. La ‘fe’ es una enfermedad de la inteligencia y de la voluntad, el Îmân es un arma poderosa, y es la capacidad que tiene el corazón de afrontar el reto de Allah, de encarar el desafío contenido en las inmensidades que el ser humano presiente en lo más hondo de sí y de la existencia entera. Por todo esto, el Islam no es ni puede ser una ‘religión’. Es más bien una ruptura liberadora, además de ser una negación de las religiones y los sistemas. El Islam es autenticidad, es Dîn, es caminar sobre la espontaneidad del Îmân, y por ello el Corán dice lâ ikrâha fî d-dîn, “No hay imposición en el Dîn” (al-Báqara, 256), porque todo en él fluye con naturalidad. Esta cuestión ya ha sido ampliada en otros artículos aparecidos en Musulmanes Andaluces, donde fue relacionada con el concepto de Fitra, la primordialidad. Y en otro artículo se ha vinculado la idea a la imagen poderosa del Viaje Nocturno del Profeta (s.a.s.) y en el que se reconoce la dimensión cósmica que adquirió el Islam...


Si juntamos lo que hemos dicho entenderemos la definición que hemos dado más arriba al principio de este artículo. El Islam es universalidad, es esencialidad, es autenticidad, es el Dîn de todos los profetas, de todos los anunciadores, de todos los iluminados, sin exclusiones. Es absoluta Sumisión, es Claudicación ante Allah, ante la Verdad, y ésta es una mentalidad opuesta a la religiosa, que se adueña de la Verdad, que busca poseerla y reducirla a sus esquemas y a prioris,... El Islam es Dîn, un Sendero, un Camino, sobre el Îmân, sobre el rigor y la seriedad de una sensibilidad espiritual que no admite ‘sustitutos’ de Allah ni se enfrasca en mitos ni leyendas, ni se detiene en sueños ni esperanzas. El Dîn del Islam es la senda de los que abren sus corazones ante Allah y transitan y avanzan hacia Él sumergiéndose en las implicaciones de eternidad implícitas en el Nombre Supremo (Allah).


Y todo eso no lo inventó el Último de los Profetas, el Játam al-Anbiyâ Sidnâ Muhammad (s.a.s.), sino que él mismo reconoció que su misión era la de rescatar y restaurar esa espiritualidad antigua, telúrica, enraizada en lo humano y en el cosmos, y de ahí la insistencia en el carácter absoluto del Islam, su radicalidad. Él (s.a.s.) dijo: “Los profetas son hermanos hijos de diferentes madres, pero su Dîn es uno” (hadiz recogido por al-Bujâri y Muslim). El Islam es la superación de las religiones y la recuperación de lo primordial, es reencuentro con lo original y es punto de partida. Eso es el Islam, y eso es lo que implica el término Dîn al-Islâm, intraducible pero que hasta cierto nivel queda pergeñado en lo que hemos señalado.


El Islam es el Dîn de la humanidad, la senda espiritual de todos los seres humanos, la adecuada a todos porque es innata en cada hombre. Los implica a todos ellos e implica todo lo que son y los integra en su principio básico que es el Tawhîd, el Proceso hacia la Unidad. El término ‘espiritual’ que hemos utilizado es una simple concesión a la inteligibilidad, y tenemos que matizarlo, pues puede ser tan falseador y funesto como el de ‘religión’. Con ‘espiritual’ nos referimos a un sentir hondo y transformador en las raíces del ser. Este sentir en el Islam no excluye nada, no desintegra nada, no distingue entre cuerpo y alma, entre espíritu y materia, entre lo sagrado y lo profano. Muy al contrario, la ‘espiritualidad’ debemos entenderla, dentro del Islam, como reconciliación, como la vivencia de la Unidad y Unicidad que gobiernan la existencia entera. No es un rechazo a nada, sino la integración de todo; y es, sobre todo, una poderosa aspiración, un anhelo que anida en lo más profundo de cada hombre, y de ahí que digamos que el Islam es el ‘espíritu de la humanidad’. Si lo entendemos así -si somos capaces de abarcar en nuestro entendimiento las implicaciones remotas de esa sensibilidad islámica-, podemos entonces seguir empleando el término. Pero si tenemos en mente su sentido cristiano y reduccionista, la palabra es tan pobre y abominable como la de ‘religión’.


El Islam es recuperación y punto de partida, por ello recoge en sí todas las tradiciones anteriores, y el Corán lo subraya innumerables veces. El Corán dice que Noé dijo: “Se me ha ordenado ser de los musulmanes” (Yûnus, 72). Abraham e Ismael, según el Corán, dijeron: “¡Oh, Señor! Haznos ser musulmanes ante ti” (al-Báqara, 128). Y Jacob, poco antes de morir, dijo a sus hijos: “Allah ha elegido vuestro Dîn: no muráis sino siendo musulmanes” (al-Báqara, 132). Y Moisés dijo a su pueblo: “¡Confiad en Él, si realmente sois musulmanes!” (Yûnus, 84). Y el Corán dice de la Torah (los primeros libros del Antiguo Testamento): “Los profetas -que eran musulmanes- juzgaron de acuerdo a ella” (al-Mâida, 44). Y José invocó diciendo: “Hazme morir como musulmán y adhiéreme a los rectos” (Yûsuf, 101). Los hechiceros que el Faraón había reunido para vencer a Moisés dijeron cuando se sintieron derrotados por el profeta: “¡Señor, danos paciencia y haznos morir como musulmanes!” (al-A‘râf, 126). Y los apóstoles de Jesús (los hawâriyîn), según el Corán, dijeron al Mesías hijo de María: “Nos hemos abierto hacia Allah. ¡Sé testigo de que somos musulmanes!” (Al ‘Imrân, 52). Y la reina de Saba dijo: “Me rindo como musulmana junto a Salomón ante Allah, el Señor de los Mundos” (an-Naml, 44). El hombre justo dijo en el Corán: “Cuida de mi descendencia. Hacia Ti me vuelvo y soy de los musulmanes” (al-Ahqâf, 15).


A pesar de todo lo dicho, el Islam no se suma a ninguna moda ecuménica ni aboga por ningún tipo de sincretismo. El Islam tiene en sus raíces esas inmensidades en las que el musulmán tiene la oportunidad de resonar con todos los profetas de la humanidad, y no necesita elaborar ningún discurso hipócrita con el que ganar puntos en este mundo de lenguajes políticamente correctos y espiritualidades suavonas. El Islam siempre ha sido un espacio amplio, un lugar de encuentro fecundo entre gente profunda, y así seguirá siéndolo a pesar de todo, y lo será en la naturalidad de las esencias no en los montajes laberínticos que quiera imponernos nadie en aras de un ‘encuentro’ artificial e interesado entre culturas. La universalidad del Islam no es oportunismo sino una de sus dimensiones, consustancial con su percepción de la existencia como manifestación del Uno-Único.


Por ello, conscientes de las diferencias, hablamos de un plural para la palabra Dîn que es Adyân. El Corán habla del Dîn an-Nasârà, el Dîn de los Cristianos o el Dîn al-Yahûd, el Dîn de los Judíos, etcétera. Tampoco en estos casos debemos traducir la palabra Dîn por religión pues es poco probable que los musulmanes de los tiempos de la Revelación del Corán tuvieran idea de un concepto tan ‘elaborado’ como el de ‘religión’. Dîn significaba para ellos algo vago como ‘espiritualidad’, ‘Ley Revelada’, ‘cultura de un pueblo’, una ‘cultura’ que no se distinguía de su sentido de la trascendencia. El Dîn es la forma que tiene cada nación de encarar lo más profundo y de reconocerse en torno a ese sentir, y que fácilmente degenera en la creación de instituciones y jerarquías, y es entonces cuando cada Dîn adquiere sus propias características. El Dîn por antonomasia es el Islam (o el Dîn al-Islâm cuando se quiere evitar confusiones), porque recupera la Fitra, lo auténtico...

EL FENÓMENO DE LA CONVERSIÓN AL ISLAM



Pretendemos analizar en este artículo el llamado fenómeno de “conversión”al Islam. Cuando alguien oye hablar de que Fulanito es musulmán no habiendo nacido en un país Islámico, se dice de él, que es un “converso”, que se ha convertido al Islam, la mayoría de las veces expresado en tono peyorativo: pues el así llamado “converso”, se constituye en un adjetivo calificativo que sirve para denostar al sujeto en cuestión.


Sin embargo vamos a analizar qué significa “conversión" y comprenderemos como no puede haber tal proceso hacia el Islam, sino que más bien, ser musulmán supone una “desconversión” de muchas cosas.


Dice el Diccionario de la lengua castellana, que “converso es aquél que cambia de religión”; si nos fijamos atentamente en la definición debemos concluir que no es posible la conversión al Islam, ya que ésta no es una Religión al no adecuarse a los parámetros que definen a ésta.


El fenómeno religioso cualquiera que sea, sí que supone una conversión, En un famoso hadiz se narra que Rasulullah (s.a.s) dijo que: “todo ser humano nace con su Naturaleza original intacta, y que son sus padres los que lo hacen judío, cristiano, o politeísta”. A lo cual replicó uno de sus Compañeros: “O musulmán”. A lo que Rasulullah (s.a.s) contestó: “No, pues el Islam es el estado natural del hombre”.


Cuando nacemos, nuestra Fitra, nuestra naturaleza original, está intacta, inmaculada; la primera conversión la recibimos de nuestros padres, y posteriormente el medio cultural y social en el que nos desenvolvemos va propiciando múltiples conversiones. Todos los días de nuestra vida estamos "convirtiéndonos en algo, pertenecemos a tal o cual religión, a tal o cual ideología política, militamos en tal o cual movimiento, etc. Con todo ello vamos tapando, velando, esa Fitra con la que nacemos.


Cada nueva conversión supone un mayor alejamiento de la capacidad cognitiva de esa Fitra. El Islam por contraposición, invita a una ruptura, a un ir quitando velos que hemos ido depositándonos encima, que han ido insuflando nuestro ego, dándole al mismo apariencia de realidad, apariencia de consistencia.


El musulmán se va “desconvirtiendo” paulatinamente de todas las capas sedimentarias que han ido construyendo su ego, que han ido velando su Fitra. Va así destruyendo en sí mismo ideologías, religiones, teorías, todo aquello que nos ha alejado de nuestro origen.

El Islam es una invitación a “retornar”. Al Islam no se va, se regresa; el objetivo del musulmán es devolver a su Corazón esa capacidad cognitiva original que el hombre ha ido perdiendo.


Musulmán no es un adjetivo de un sustantivo llamado hombre, sino que es la cualidad que define a éste como criatura dentro del orden de la Creación.


No cabe, por tanto, hablar de conversión al Islam, y mucho menos de practicar el Islam. como el que practica fitness, yoga, meditación, o cualquiera de los snobismos hoy en boga. El ser humano nace en estado de Islam, en estado de integridad, de armonía, de paz, que es lo que significa “salam” de donde proviene el término Islam.


¿Cómo podríamos hablar de conversión hacia algo con lo que nacimos? El fenómeno de la conversión es una de las trampas más sutiles del ego, pues identificándonos con papeles, ideologías, actitudes, modas, etc., le estamos dando carta de realidad a algo que carece de ello. Es como el buen actor que para realizar con fidelidad su papel debe “convertirse” e identificarse con el mismo y olvidarse de sí. ¿Acaso no hace esto el hombre en su vida cotidiana? ¿Acaso no vive en un continuo estado de olvido de sí mismo, identificándose con todos los roles que asume a lo largo de su vida?


Ciertamente, las conversiones del tipo que sean, son un fardo pesado que arrastra el hombre de la cuna a la tumba; el Islam invita a aligerar esta carga, a liberarnos de estas anteojeras; el musulmán vive en sí los valores del nómada del desierto, y especialmente el de libertad, pues hay que llegar a estar libre hasta de la propia idea de libertad.


La conversión hace del hombre una caricatura de sí mismo, una criatura truncada y confusa, apartada de su estado natural que deambula en esta tierra sin más norte que el flujo cambiante de sus deseos y apetitos.


El musulmán no se hace, se nace; cuando desaparecen las religiones, los mitos, las ideologías, sólo queda Islam.

ISTIGFAR



En el Islam no puede existir la noción cristiana de “pecado”: un musulmán no puede imaginar que el ser humano “ofenda” a Dios que en ese caso sólo inspiraría compasión a causa de su vulnerabilidad.


Si no es posible el pecado en el Islam, tampoco encontraremos su corolario lógico: el sentido de la culpabilidad. El drama cristiano de la pasión y la redención no es para un musulmán otra cosa que el fruto de un extraño desequilibrio del morbo humano. Allah está por encima de cualquiera de estas consideraciones: su Amor a lo que ha creado, a la que ha surgido a partir de su acto, no se traduce en la puesta en escena de una tragedia, ni el Amor que el hombre siente hacia Él nace de la pena sino de la contemplación de su Belleza manifiesta en toda su obra.


Lo que sí enseña el Islam es la enorme trascendencia de una constatación: que el ser humano es capaz de dañarse a sí mismo, de ser injusto consigo mismo, de ser un “dálim náfsah”, alguien que impide a su propia existencia la plenitud del que se acerca a Allah, alguien que “apaga” la luz de su naturaleza primordial. El Islam enseña que la obra más insignificante de cada hombre tiene una dimensión y un alcance que se le escapa: sus actos, sus movimientos, el más breve de sus latidos, en cierta manera, lo marcan porque no sólo se realizan en el ámbito de lo que controla sino que tienen su propia justicia. En cada gesto del ser humano hay algo que es eterno y espera en la eternidad del Uno su fruto, la realización de su verdad en Allah, y que es fruto dulce para el que ha ejecutado esa obra (el Yanna) o bien puede ser amargo (el Nar). Los actos del hombre construyen su destino en el Jardín o en el Fuego. Esa naturaleza de la acción humana ha sido también creada por Allah y es el secreto de la soberanía de cada hombre.


Existe una amplia terminología coránica para designar los matices de esos actos transcendentes que implican autodestrucción de las facultades del hombre: genéricamente son traducidos por los arabistas cristianizantes por “pecados” traicionando así su verdadera y última significación: má´sía, izm, sáia, dzanb, ...etc. No nos detendremos aquí a analizarlos pero sí retendremos uno “dzanb”, cuyo plural es “dzunúb”. Su contrario es la “hasana” o acto que embellece al ser humano y lo hace progresar hacia Allah-Uno. Los “dunub” son todas las acciones o movimientos con los que el hombre falta a la Verdad de las cosas, con los que traiciona la autenticidad del universo (como enseña el Quran, Allah ha creado con la Verdad, es decir, con la Verdad como naturaleza de la existencia, como esencia de todo cuanto es, y Allah es la Verdad-Una en la que todo adquiere realidad). Los “dunub” son como añadidos, como algo ajeno que no es propio a lo querido por Allah, como una salida fuera de lo Real. El “danb” lo engaña, lo hechiza, lo confunde, hasta hacerle creer que verdadero lo irreal y ese es el Fuego del tormento tras la muerte. Los ídolos que el hombre crea lo apartan del disfrute de la Verdad existencial de Allah: el engaño, la traición, la calumnia, el robo, la injusticia, el asesinato, el rencor..y sus actos son considerados “dzunub” que alejan de lo verdadero sumiendo a quien los realiza en las tinieblas del Fuego, son como falsos ídolos que seducen al hombre hasta que éste confía en ellos en lugar de confiar en Allah, y sus dioses lo defraudarán tras la muerte, y entonces no encontrará a Allah y sí la más absoluta de las desolaciones que lo abrasará por siempre en la eternidad del Uno.


El Quran nos avisa e insiste contra los “dzunub”, nos ordena evitarlos en la medida de lo posible con tosas las fuerzas, pues con ello “sólo nos causamos daño a nosotros mismos”, nos destruimos, nos hacemos “injustos” olvidando nuestros propios derechos, Al contrario, el Quran nos invita a las “hasanat” con las que nos favorecemos en el más amplio sentido de la expresión ya que nos invita al a sinceridad, a la lealtad, a la autoexigencia, al salat...La Sunna en muchas ocasiones amplía nuestra idea acerca de lo que son los “dzunub”: incluso la suciedad física es causa de dolor y sufrimiento tras la muerte, del mismo modo que la sonrisa es una “hasana”.


El estudio del Fiqh, el conocimiento de lo Haram y lo Halal, nos ayuda a evitar muchos de los “dzunub”, pero evitarlos de modo absoluto es completamente imposible. Realizar “dunub”es inevitable al ser humano y no sólo porque su conocimiento de las realidades y sus frutos sea limitado. Allah desea seres perfectos porque quiere ser Generoso. El Hadiz enseña: “Todos los descendientes de Adán cometen errores, pero el mejor de los que cometen errores es el que se vuelve hacia Allah....” esperando de su generosidad y magnificencia. Allah “disculpa” al hombre: esto quiere decir en árabe que le evita el fruto de su acción-dzanb. En este sentido debemos interpretar el término “perdón”de Allah (mágfira o gufrán): es la Tolerancia de Allah con la que va en contra de su propia norma a favor del hombre que se vuelve hacia Él. Entonces Allah recibe un Nombre amado por Él: Gafir, Gaffar o Gafur, el que perdona, el que esconde al hombre de su Propia Justicia. A la acción de disculparse ante Allah se le llama “Istigfar” y se expresa con las palabras: “Astágfirullah”.

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AS SALAM ALEYKUM


A todos los interesados en adquirir libros GRATUITOS sobre Islam pueden escribir a mi correo salah_al_din@live.com.mx o a dr_mohie@hotmail.com también pueden dejar sus comentarios en nuestro blog y el hermano Mustafa quien es el encargado de este proyecto se pondra en contacto con ustedes inshallah.


salam aleykum

BIENVENIDO AL ISLAM


Our life and the limits of it

En el nombre de Al·lâh, el Más Compasivo, el Muy Misericordioso, y Los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre el profeta, la alabanza es para Al·lâh. Lo alabamos y en Él buscamos ayuda y pedimos su perdón y en Él buscamos refugio de nuestras malas acciones, aquel que Al·lâh guíe nadie podrá desviarlo y aquel que le desvíe nadie podrá guiarlo.
Cuando miráis a vuestro alrededor y veis este gran número de congregados, podéis imaginar e incluso conocer lo que está ocurriendo en el cielo en este preciso momento acerca de esta congregación.


El Profeta – que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él - dice: “Al·lâh tiene unos ángeles que caminan por los caminos de la tierra y observan a quien recuerda (glorifica y alaba) a Al·lâh Enaltecido y Glorificado sea. Cuando encuentran a gente que lo recuerdan entonces les acogen entre sus alas desde la tierra hasta al cielo y dicen “Oh Al·lâh, perdónales, oh Al·lâh, sé misericordioso con ellos” y añadió el Profeta y dijo: “entonces pregunta Al·lâh a los ángeles, aunque lo sabe todo, ¿cómo habéis encontrado a mis siervos?. Dicen ellos: “les hemos encontrado recordándote” Entonces dice Al·lâh “¿Acaso me han visto? Y contestan ellos: “No, Al·lâh, no te han visto” Entonces les pregunta Al·lâh: “¿Qué hubiera sido si me hubieran visto?. Dicen ellos: “Si te hubieran visto habría aumentado su amor, su anhelo y su acogida hacia ti” Entonces dice Al·lâh, Enaltecido y Glorificado sea: “¿Qué es lo que piden? Dicen ellos: “piden el paraíso” Entonces dice Al·lâh: “¿Acaso lo han visto? Y contestan ellos: “No Al·lâh, no lo han visto” y les pregunta Al·lâh: “¿Qué hubiera sido si lo hubieran visto? Entonces contestan ellos: “Si lo hubieran visto hubiera aumentado su amor y su añoranza y su ansia hacia él” Entonces dice Al·lâh, Enaltecido y Glorificado sea: “¿Qué es lo que temen? Y los ángeles contestan: “el fuego (el infierno)” Entonces dice Él: “¿Acaso lo han visto?” Pero dicen ellos: “No Al·lâh, no lo han visto” Entonces dice Al·lâh: “¿Qué hubiera sido si lo hubieran visto? Y contestan ellos: “Habría aumentado su temor, su disgusto y su miedo” Y entonces dice Al·lâh: “Oh ángeles míos, testifico ante vosotros que les he perdonado”.

Imaginaos, hermanos, que Al·lâh está preguntando sobre nosotros ahora mismo. Está preguntando a los ángeles acerca de cada persona de nosotros y que los ángeles nos están rodeando ahora con sus alas. Imaginaos que nosotros con todos nuestros pecados y defectos somos el punto de interés de los ángeles, y sobre nosotros está girando la misma conversación. Imaginaos que cada persona de nosotros saliese de aquí habiéndole Al·lâh perdonado...Os felicito por el perdón de Al·lâh, Enaltecido y Glorificado sea, para vosotros.

"Aquélla persona a la que la gente aplaude hoy, morirá mañana, y aquél a quien la gente hoy le alegra y agrada su presencia, lo enterrarán en el polvo un día cualquiera, y aquél a quien le rodean hoy miles de personas, mañana podría no encontrar a dos personas que les interese escucharlo, puesto que las personas son mortales mientras que solo quedan el Islam y la religión. Por eso tenemos que comprender todo esto y no engancharnos con las personas sino con las ideas”.

Digo esto y pido el perdón de Al·lâh tanto para mí como para vosotros. Que la Paz, la Misericordia y las Bendiciones de Al·lâh sean con vosotros.

¿QUIEN ES ALLAH?


EL CONCEPTO DE DIOS EN EL ISLAM

Se entiende que en cada lengua se tiene uno o más términos que se usan en referencia a Dios y otras divinidades menores, este no es el caso con la palabra Al-lah. Al-lah es el nombre personal del verdadero Dios Único. Ningún otro puede ser llamado Al-lah. Este término no tiene plural ni género y demuestra su singularidad cuando se lo compara con la palabra "dios", la cual puede ser plural, (dioses) o femenina (diosa). Es interesante que Al-lah es el nombre personal de Dios en Arameo, la lengua de Jesús, y también en la lengua Árabe. La palabra "dios", es masculina y ¿por qué tenemos que dirigirnos al ser Supremo como si fuera masculino? Es por esto que a nosotros nos resulta más adecuado usar una palabra neutra Al.lah (en este texto se escribe "Alá" para que el lector de lengua hispana le resulte más familiar, aunque es incorrecto escribirlo así).

Para el musulmán, Al-lah es el Todopoderoso, Creador y Sustentador del universo, no tiene semejante y nada se compara a Él. Los contemporáneos del Profeta Muhammad le preguntaron acerca de Alá; la respuesta vino directamente de Dios en forma de un corto capítulo del Corán, que es considerado como la esencia del Monoteísmo. Es el capítulo 112, que dice :

Di: "Alá es Único; Alá es eterno. Jamás engendró ni fue engendrado; y no hay nada que se parezca a Él.

Algunos no-musulmanes alegan que el Dios del Islam es un Dios rígido y cruel que demanda ser obedecido completamente, que no ama ni es benévolo. Nada más lejano de la realidad. es suficiente saber que, con la excepción de uno , los 114 capítulos del Corán comienzan con el verso: En el nombre de Dios, el más Clemente y Misericordioso. El profeta Muhammad (La Paz y las Bendiciones de Dios sean con él) dijo: " Dios es más benévolo y ama más que una madre a su hijo."

Pero Dios también es justo. Por eso, los malhechores deben ser castigados y los virtuosos tendrán generosidad y favores. En efecto, el atributo de Misericordia de Dios está manifestado completamente en Su atributo de Justicia. Los que sufren toda una vida en la Causa de Dios y los que oprimen y explotan a otros toda su vida no deben recibir el mismo tratamiento de su Señor. Esperar el mismo trato sería como negar la creencia en la responsabilidad del hombre en la Vida Futura, negándose toda estimulación hacia una vida moral y virtuosa en este mundo. Los siguientes versos coránicos son claros y precisos en este sentido:

Por cierto que para los piadosos habrá jardines de placer a la vera de su Señor. ¿ Por ventura consideramos a los que tienen fe como a los pecadores? ¿ Qué les pasa ? ¿ Qué manera de juzgar es esa ?
(Corán 68:34-36)

El Islam rechaza caracterizar a Dios en cualquier forma humana o presentarlo a favor de ciertos individuos o naciones en base a su riqueza, poder o raza. Dios creó a todos los hombres iguales; estos pueden distinguirse y ganar Su favor únicamente a través de la virtud y la piedad.

El concepto de que Dios descansó el séptimo día de la creación, que Dios luchó con uno de Sus Siervos, que Dios es un conspirador envidioso en contra de la humanidad, o que Dios se ha encarnado en un cuerpo humano es considerado como blasfemia desde el punto de vista islámico.

El uso de "Alá" , el nombre propio de Dios, es un reflejo del énfasis islámico en la pureza de la creencia en Dios, que es la esencia del mensaje de todos los enviados de Dios; es por esto que el Islam considera que la asociación de cualquier divinidad o persona con Dios como un pecado mortal que nunca perdonará, a pesar de que Él puede perdonar todos los demás pecados.
El Creador tiene que ser de una naturaleza diferente a lo creado, porque si fuese de la misma naturaleza, sería transitorio y necesitaría de un creador.

Si el Creador no es transitorio, entonces tiene que ser eterno, y si es eterno, entonces Su existencia no puede ser causada por nada; y si nada causó su existencia, nada fuera de Él causa que siga existiendo, y esto significa que Él es Autosuficiente. Y si Él no depende de nada para continuar su propia existencia, entonces ésta no puede tener fin. Por esta razón el Creador es Eterno y Perpetuo: "El es el Primero y el Último." Él es Autosuficiente o, en términos coránicos, Él es Al-Qaiyum. Él crea no solo por producir cosas que existan, sino que las preserva y es la causa final de todo lo que les suceda.

Dios es el Creador de todo y el Guardián de todo. Suyas son las llaves de los cielos y la tierra.
(Corán 39:62-63)

No existe ser viviente sobre la tierra cuyo sostén no depende de Dios y cuya estancia y paradero transitorio Él no conozca.
(Corán 11:6)


Atributos de Dios

Si el Creador es Eterno y Perpetuo, Sus atributos también tienen que ser eternos y perpetuos. No puede perder ninguno de Sus atributos ni adquirir unos nuevos. Y si esto es así, entonces Sus atributos son absolutos. ¿Puede haber más de un Creador con tales atributos absolutos? ¿Puede haber, por ejemplo, dos creadores absolutamente poderosos? Si pensamos esto por un momento veremos que no es posible.

El Corán resume este argumento en los siguientes versos:

Dios no ha tenido ningún hijo ni jamás ningún otro dios compartió con Él (la divinidad). De ser así, cada dios se habría apropiado de su creación y habría prevalecido uno sobre otro
(Corán 23:91)

Si hubiera en el universo otras divinidades además de Dios, ya se habrían arruinado (los cielos y la tierra).
(Corán 21:22)

La Unicidad de Dios

El Corán nos recuerda la falsedad de las alegaciones de otros dioses. A los adoradores de objetos hechos por la mano del hombre se les pregunta:
¿Adoras a lo que has esculpido? (Corán 37:95) ¿Adoptaréis acaso, en vez de Él, a patrones que no pueden beneficiarse ni defenderse? (Corán 13:16)

A los que adoran cuerpos celestiales se les cita la historia de Abraham:

Cuando la noche lo cubrió, vio una estrella y dijo: "He aquí mi Señor." Pero cuando esta desapareció dijo: "No adoro a los que desaparecen." Cuando vio despuntar la luna, dijo: "He aquí mi Señor" Pero cuando esta desapareció, dijo: "Si mi Señor no me ilumina, me contaría entre los desviados." Más cuando vio despuntar el sol dijo: "He aquí mi Señor, este es mayor." Pero cuando se hubo puesto, dijo: "Oh pueblo mío, por cierto que no soy responsable de vuestra idolatría. Yo me consagro a Quien creó los cielos y la tierra; soy monoteísta y no me cuento entre los idólatras."
(Corán 6:76-79)

La Actitud del Creyente

Para ser un musulmán, que significa: "Sumiso a Dios", es necesario creer en la unicidad de Dios: que Él es el Único Creador, Preservador, Nutridor, etc. Esta creencia - Llamada Tawhid Arrububía - de por sí no es suficiente. Los idólatras sabían y creían que solo el Dios Supremo podía hacer todo esto. Pero esto no era suficiente para hacerlos musulmanes. Tawhid Arrububía se complementa con Tawhid Aluluhía (Que es admitir que solo Dios merece ser adorado),

¡Oh adeptos de las escrituras! No exageréis en vuestra religión y no digáis de Dios sino la verdad. Por cierto que el Mesías, Jesús, hijo de María, solamente es el Enviado de Dios y Su Palabra, con que agració a María, y su espíritu procede de Él. Creed pues en Dios y en Sus mensajeros, y no digáis: "Tres". Absteneos de ello y será mejor para vosotros; porque Dios es un dios único. ¡Glorificado sea! ¡Lejos está de tener un hijo!
(Corán 4:171)

Al obtener este conocimiento del Dios verdadero, la persona debe tener fe en Él y no permitir ser incitado a negar la verdad.

Cuando la fe entra al corazón, la persona experimenta cierto estado mental que resulta en determinadas acciones. La combinación de ese estado mental y sus acciones es prueba de la verdadera fe. El Profeta dijo: "Fe es aquello que habita firmemente en el corazón y es manifestado con hechos."

Primero, de entre los mencionados estados mentales, está el sentido de agradecimiento a Dios, que se puede decir, es la esencia de la Ibada (Adoración). el sentido de agradecimiento es tan importante que el que no cree en Dios es llamado Káfir, que quiere decir: "Uno que niega la verdad," "uno que es mal agradecido" y también "un rebelde en contra del que lo creó."

El creyente ama y agradece a Dios por la generosidad que Él le ha mostrado, atento siempre de que sus buenas obras, físicas o mentales, sean proporcionales a cualquier favor divino que se le haya otorgado. El individuo está siempre atento y ansioso porque teme la ira de Dios, no solo en Esta Vida sino en el Más Allá. Por eso se entrega a Dios y le sirve con gran humildad. Este estado mental no puede ser adquirido sin estar consciente de Dios todo el tiempo. Acordarse de Dios es la fuerza vital de la fe, si no, esta se marchita y desaparece.

Versos del Corán

El Corán trata de desarrollar este sentido de agradecimiento repitiendo frecuentemente los atributos de Dios. Encontramos estos atributos en los siguientes versos del Corán.

Él es Dios: No hay más dios que Él, Conocedor de lo invisible y lo visible; Él es Graciabilísimo, Misericordiosísimo. Él es Dios: no hay más dios que Él. Soberano, Santísimo, Salvador, Pacificador, Celador, Compulsor, Supremo. ¡Glorificado sea Dios de cuantos copartícipes le atribuyen!
Él es Dios, Creador, Omnifactor, Formador. Suyos son los más sublimes atributos. Todo cuanto existe en los cielos y la tierra le glorifica, porque Él es poderoso, prudente
(Corán 59.22-24)

¡Dios! No hay más Dios que Él. viviente, Subsistente, a quien jamás rinde modorra ni sueño. Suyo es cuanto existe en los cielos y la tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sin Su permiso? Él conoce tanto su pasado como su futuro, y ellos no conciben nada de Su ciencia, sino lo que Él quiere. Su trono abarca los cielos y la tierra, cuya custodia no agobia, porque es excelso, Grandioso
(Corán 2:255)

EL CONCEPTO DE DIOS EN EL ISLAM

ALLAH NO ES "DIOS" (nota del webmaster: ojo entre comillas...)

Por: Hisham Arquero

Imbuidos en nuestra cultura occidental aceptamos irreflexiblemente ideas y conceptos que creemos indiscutibles. Nuestra formación nos hace contemplar un mundo de objetos, de sensaciones, de realidades aisladas, sin conexión alguna. La desolación que produce no encontrar un nexo lógico entre las cosas, nuestra soledad existencial, el aislamiento al que estamos condenados, nos ha llevado a inventar un mundo ideal, un mundo de arquetipos platónicos que resuelva nuestras dudas, aplaque nuestro temor y aligere nuestra desazón.

Muy al contrario, para los musulmanes la Unidad del Universo, de la existencia entera, es algo más que evidente, está en la impresión inmediata que nos produce la vida. Vivimos inmersos en un todo del que formamos parte indisociable, en el que no hay nada aislado sino sabia y perfectamente conjugado. La vida, los seres, cobran sentido en ese cosmos unificado: no son necesarios los consuelos imaginarios ni maquinaciones intelectuales.

Estrictamente hablando, desde un punto de vista islámico, el concepto "dios" no es más que una absurda recreación de la mentalidad idolátrica: dios no es más que un supremo ídolo, una imagen inventada y un recurso mediocre. Pero "Allahu Akbar", Allah es más grande, sentencia perfecta que derriba todos los ídolos, por engañosos y sibilinos que sean: El es absolutamente inconcebible, inalcanzable, inabarcable... pero no en el vulgar sentido monoteísta que pretende describir una supuesta naturaleza espiritual o divina. No se trata de eso: para los musulmanes es absurda cualquier teología. Allah es la meta imposible de la aspiración humana. Como ha sido expresado, Allah es la realidad trascendente de todo lo que podemos contemplar o imaginar, estando siempre más allá de nuestros sentidos y de nuestro pensamiento. El no es nada determinable, ni tan siquiera un concepto más o menos espiritualizado. El Islam no es monoteísta, ni politeísta, ni panteísta, ni ateo: no entra en esos debates. "Allah" presupone la destrucción de cualquier ídolo sin renunciar al sentido de la trascendencia propio del ser humano. El es "autenticidad", por ello se le llama "Verdad" en el sentido más absoluto, y es el que confiere realidad a la existencia: Allah es el Verdadero, la fuente-Una de la que todo brota, el manantial que todo lo alimenta, que da sentido verdadero a todo, el que rige a cada criatura, le da el ser y lo conduce, subyacente en todo, y Destino final en el que todo acaba diluyéndose.

Nada de lo anterior "define" a Allah, nada lo "describe", porque El no tiene límite alguno, es absoluta y radicalmente libre, suficiente en sí mismo, inimaginable... El es el soporte de las realidades múltiples, su razón y su sentido, el soplo que da vida a todas las existencias. "Allah" es el Nombre que hace referencia a esa Realidad impensable, que está fuera del discurso humano, ajena a nuestros procesos racionales, y que es sin embargo vertebradora del lenguaje y de la inteligencia: El es, siempre, anterior a todo, anterior a cualquier pensamiento, a cualquier fórmula con la que el ser humano quiera descifrarlo. Es decir, El es inaccesible a la vanidad humana.

Al hablar de su Unidad (sinónimo de su Existencia) no nos referimos a un dato objetivo, sino a una operación que realizamos nosotros con la que nos desembarazamos de la mentalidad idolátrica. "Allah es Uno" significa en última instancia que no aceptamos dioses ni ídolos, pues nada puede compartir con El, en la absoluta e indefinible dimensión de su Realidad, ninguna de sus cualidades ni puede El ser interpretado de modo alguno. El Tawhid, el principio de la Unidad y Unicidad, no es una doctrina sino el germen de un método, la descripción inicial de una senda. Es un Camino hacia ese vacío que es Allah, un vacío en el que está todo, un todo en el que está el Salam, la Paz, pues libera de los engaños y la falsedad.

Dios, afirmemos de él lo que afirmemos, definámoslo como lo definamos, siempre nos encontraremos con un concepto producto de una elaboración, una idea más o menos grosera, cargada de prejuicios; encontramos a un ídolo más, una imagen ficticia a la que el hombre da el ser y con la que intenta superar sus propias contradicciones. Dios es un añadido a la creación, un producto del discurso y la razón, y sujeto a premisas. Allah es más grande.

Las teorías de las religiones acerca de dios sólo pueden ser doctrinas o dogmas, enseñanzas que sólo pueden ser aceptadas por la fe, montajes que sostienen ideológicamente los edificios de instituciones mediadoras entre el hombre y su afán insaciable por trascender, afán que lo dirige a Allah y no a los ídolos. Cuando en el Islam hablamos de Allah, no pretendemos conceptualizarlo, nos referimos más bien a esa empresa profundamente humana que consiste en indagar en el universo-uno para encontrar su sentido último. Pero Allah ni tan siquiera es un objetivo; dirigirse hacia El como lo hace el musulmán es aventurarse por espacios insondables donde el ser humano se reencuentra, se reconoce y comprende, sin las ataduras de ninguna doctrina.

5.-La Peregrinación ( El Hayy )



La Peregrinación de la Mecca, es uno de los actos de fe mas grandiosos que se conoce de todas las creencias religiosas. Esta peregrinación reúne millones de personas cada año. En el Islam lo cotidiano va muy ligado a la religión por lo que se debe seguir rutinas muy estrictas para renacer en vida, como recita el Corán.

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La Mecca es el lugar de peregrinación del Islam, hacia la cual se dirigen también, religiosamente cinco oraciones canonícas cada día por parte de los creyentes musulmanes. Este santuario fue hecho por el Profeta Adán y restaurado por Abraham y su hijo Ismael. El edificio mide quince metros de altura y casi doce metros de amplitud, se encuentra ubicado al medio de una mezquita de La Mecca y esta recubierto por una funda de brocado. En uno de sus costados tiene engarzada Piedra Negra.

El arquitecto otomano Sinam
hizo un trabajo de joyería en la Mecca al ejecutarle trabajos de embellecimiento y restauración. La Mecca sufrió varios atentados en su trayectoria por la historia, uno de ellos, de origen etíope, fue repelido por milagro luego la ciudad fuera asaltada por una secta desviada del Islam, para devolverla unos veinte años después al califa Famiti al Mansur.

Y recordando que los pilares del Islam se sustentan en cinco pasos y estos pasos imponen reglas sobre el modo de vivir y actuar de un musulmán. El primer pilar es la shahada o testimonio de fe, que no es más que reconocer que no hay otra divinidad aparte de Dios. El segundo pilar es el Salat, que vincula a Dios con el hombre musulmán. La oración del Sagrado Corán debe recitarse cinco veces al día como muestra de sumisión. El otro pilar es el Zakat o aporte social, que es purificar los bienes de los pudientes, dando un porcentaje para los más pobres, por otra parte, el musulmán debe evitar comer, beber, fumar y tener relaciones sexuales durante el periodo e peregrinación.

El quinto pilar tiene como finalidad la peregrinación, el cual insta a todo musulmán a ir a la Mecca al menos una vez en la vida. La peregrinación se realiza en el mes de Dhul Hiyya, o duodécimo del calendario lunar. En el Corán hay un mensaje que dice “Quien peregrine correctamente, es como si hubiera nacido nuevamente”. La peregrinación es un verdadero acto de fe para el musulmán.